En Egipto, hace 5.000 años, descubrieron esas cualidades del aceite de oliva, hasta el punto de convertirlo en un producto básico al alcance exclusivamente de las clases privilegiadas.
Junto con otras esencias y hierbas aromáticas, fue utilizado en la fabricación de embriagadores perfumes, en el baño para embellecer y limpiar los poros, abrillantar los cabellos y como base para la realización de masajes terapéuticos.
Llegó incluso al ámbito de lo sagrado, al ser empleado en las lámparas encendidas en honor a dioses.
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